El cierre de un ciclo y la huella de la gestión de Andrés Otero en el tenis chileno
Hace poco más de una semana, y con mayor fuerza aún tras ser visto saliendo del comando central del presidente electo, Andrés Otero, comenzó a confirmarse lo que ya era un secreto a voces: quien hasta hoy ejercía como gerente de la Federación de Tenis de Chile dejará su cargo para asumir nuevamente el desafío de subsecretario del Ministerio del Deporte.
La pregunta aparece sola, inevitable: ¿Qué legado deja esta etapa en la federación?
Su respuesta no parte en el presente, sino varios años atrás.
“La evalúo espectacular, y no solo desde 2023, cuando asumí como gerente general, sino desde 2018, cuando Sergio Elías tomó la Federación. A veces la memoria es frágil, pero bien vale recordarlo: recibió una federación quebrada, intervenida por el IND y con deudas cercanas a los 1.500 millones de pesos”.
El proceso fue silencioso, casi invisible para la galería, pero decisivo.
“Entre 2018 y 2022 se saneó la federación, se pagaron las deudas y el IND levantó la intervención. Y en este período, 2022-2026, no solo está sana, sino en un momento grande, financiando proyectos, giras y desarrollo de jugadores, con planes claros y con el sueño de construir el Centro de Alto Rendimiento del Tenis Chileno”.
Ese sueño tiene forma concreta:
“Esperamos dejar iniciada la construcción antes de junio de 2026. Será una casa propia con 18 canchas, gimnasio, tenis playa y club house. Algo histórico para el tenis chileno”.
Pero la herencia de una gestión no se mide solo en infraestructura. También en conocimiento.
“Paulina Sepúlveda ha liderado muy bien las capacitaciones ITF. Ya tenemos categoría bronce y estamos ad portas de la plata. Con Guillermo Gómez sumamos formación también para preparadores físicos. Necesitamos más y mejores entrenadores de tenis, que —con todo respeto— no es lo mismo que profesores”.
La modernización, dice, ya está en marcha.
“Hoy la tecnología es fundamental. Estamos midiendo altura de impacto, técnica de saque, velocidad de piernas, evaluaciones antropométricas y FMS. Trabajamos con el CAR del Estadio Nacional, legado espectacular de Santiago 2023. Medir permite mejorar, y lo estamos haciendo”.
En lo institucional, asegura que el camino no queda al azar.
“Existe un plan estratégico certificado por la Universidad Andrés Bello. Vendrán elecciones y nuevos liderazgos, lo que es normal, pero quedará una hoja de ruta con metas claras. El siguiente paso es captar y desarrollar talento en regiones”.
Los avances también se ven fuera de Chile.
“La gira a Serbia con 15 jugadores en transición al profesionalismo fue un hito. Hoy hay apoyo económico focalizado para deportistas como Antonia Vergara, Benjamín Pérez o Camila Rodero. Nada es a dedo; responde al plan deportivo liderado por Guillermo Gómez”.
Y en el centro emocional del equipo aparece un nombre imposible de omitir: Nicolás Massú.
“En Chile se habla mucho del legado de Bielsa en el fútbol, pero tener a Nico es aún más trascendente. No solo está en Copa Davis: sigue a los jóvenes todo el año y coordina permanentemente con el área técnica. Para mí es el mejor deportista en la historia de Chile, no solo por sus logros, sino por sus valores”.
No todo está resuelto. Él mismo lo reconoce sin rodeos.
“La descentralización sigue siendo un desafío grande. Por eso el plan contempla centros regionales de entrenamiento en el mediano plazo, donde las asociaciones tendrán un rol clave”.
En lo social, las cifras empiezan a mostrar otra escala.
“El Circuito Escolar pasó de 350 participantes en 2023 a más de mil este año. Hay que seguir llevando el tenis a todos los rincones, junto al trabajo del Junior Tennis Initiative de la ITF”.
Con ese panorama, su mensaje suena más a invitación que a despedida:
“Hoy hay una federación sana, ordenada y con planes para el presente y el futuro. Bienvenidos todos los que quieran aportar a seguir haciendo grande el tenis chileno”.
Cuando se le menciona su nominación a dirigente del año, la respuesta cambia de tono, más íntima:
“No lo sabía y me llena de orgullo. Nunca en mi vida fui más feliz trabajando que en el tenis chileno”.
Recuerda también su paso anterior por la Subsecretaría del Deporte, en tiempos complejos.
“Nos tocó enfrentar el estallido social y la pandemia, la mayor adversidad desde el retorno a la democracia. Fue un privilegio acompañar al presidente y sacar adelante el programa de gobierno. Pero acá, en el tenis, he sido inmensamente feliz. He puesto mucho amor en esta tarea, junto a un gran equipo humano en la federación y nuestros entrenadores”.
Los ciclos se cierran. Las canchas quedan.
Y el tenis chileno —como todo buen partido largo— siempre vuelve a jugar el siguiente punto.