
FETECH: una oportunidad para profesionalizar el tenis chileno
La trifulca que mantuvo en vilo a la Federación de Tenis de Chile durante las últimas semanas —y que se extendió prácticamente por el último mes— dejó en evidencia no solo la fragilidad de su sistema eleccionario interno, sino también la falta de una estructura capaz de sostener institucionalmente a la organización. Las bases quedaron debilitadas y el conflicto terminó exponiendo carencias que se convierten, paradójicamente, en el gran desafío de una nueva administración que llega con altas expectativas y con una serie de Copa Davis a la vuelta de la esquina.
El gran pastel que representa dirigir FETECH parece ser motivo de tentación constante para megalómanos, dirigentes perpetuos o empresarios quebrados en busca de una nueva oportunidad. Pareciera que, para llegar allí, bastara con acumular años en cancha, mantener un vínculo cercano con los padres, disputar uno que otro match oxidado y, eventualmente, contar con cierta exposición mediática.
Pero no.
Si miramos un poco más allá de la cordillera, encontraremos que las federaciones exitosas entienden el deporte de otra manera. En ellas, las grandes figuras, las leyendas y los rostros reconocibles pueden cumplir un papel fundamental en la expansión de marca, las relaciones públicas y la representación institucional. Pero los cargos administrativos y ejecutivos quedan en manos de personas competentes, tanto desde el punto de vista profesional como dirigencial.
Un buen ejemplo es la Federazione Italiana Tennis e Padel (FITP). Su funcionamiento no responde simplemente al modelo de una federación deportiva tradicional. Cuenta con una estructura sofisticada, con un núcleo político-directivo estable, una organización ejecutiva profesional y, bajo ella, un amplio sistema territorial, técnico y de desarrollo.
Estas estructuras, con las que habitualmente nos gusta compararnos, no se sostienen únicamente sobre recursos económicos. También lo hacen sobre la voluntad y la capacidad de sus dirigentes para construir instituciones que trasciendan los proyectos personales. Hay momentos en que los intereses individuales deben quedar temporalmente en segundo plano para adherir a un plan de largo plazo.
Nuestra federación llega hoy a una nueva administración después de una etapa marcada por cuestionamientos públicos. Esto puede transformarse en una oportunidad concreta para la presidencia de Juan Bugueño: comunicar, informar y transparentar a la comunidad cómo funciona realmente la interna de una federación que parece tener como gran hito anual —casi como un mezquino cumpleaños— las series de Copa Davis.
Porque mientras la Copa Davis concentra la atención, existen problemas mucho más estructurales: la ausencia de contratos de patrocinio de la dimensión de aquellos que alguna vez permitieron invertir millones de dólares en el desarrollo del tenis, una estructura de capacitación y formación que en buena medida depende de los programas de la ITF y un plan de desarrollo que todavía necesita mayor robustez, continuidad y visión.
La nueva directiva, por lo tanto, será evaluada con una rigurosidad mayor. La trifulca que la antecede será inevitablemente parte de su historia inicial. Será cuestionada, bombardeada y, probablemente, juzgada en plazos mucho más cortos de los que requiere cualquier proceso institucional serio.
Sin embargo, también tiene una posibilidad histórica.
Puede transparentar procesos, terminar con los amiguismos, profesionalizar la actividad y vincular a un ecosistema que durante años ha golpeado las puertas de la propia federación buscando espacios de colaboración, desarrollo y participación.
Por ahora, la tormenta parece haber dado una pausa. Lo ocurrido quedará probablemente como un lunar incómodo, pero también como una advertencia importante: la federación que dirige uno de los deportes más exitosos del país necesita construir un sistema que trascienda rostros, nombres y personas.
La renovación, la modernidad, el desarrollo y los planes de largo plazo fueron parte de los grandes conceptos utilizados durante el proceso electoral. Ahora llega el momento de convertirlos en estructura, gestión y resultados.
El desafío es enorme.
Y esperamos que esta vez el tenis chileno llegue a buen puerto.
Edgardo Chávez
Editor General